Estamos en 1995 y «la internet» y la computación en general dejan de ser cosa de nerds para empezar a llegar a los hogares (o telecentros) d...

VIRTUOSITY (1995)

Estamos en 1995 y «la internet» y la computación en general dejan de ser cosa de nerds para empezar a llegar a los hogares (o telecentros) de todo el mundo. Así que, aprovechando la volada, salen como churros películas que juegan con la virtualidad y la paranoia de lo que podemos encontrar en una computadora más allá del Buscaminas, el Word, el Paint o una plantilla de Excel, que era lo que ofrecía Windows 95.


En ese tono llega Asesino virtual —como se la conoció por acá—, una peli que nos cuenta cómo Parker Barnes (Denzel Washington), un policía convicto por matar a un asesino en serie que diezmó a su familia es sometido a entrenamientos virtuales por medio de realidad virtual. En ese mundo virtual corre un programa llamado SID 6.7 (interpretado por un joven y exagerado Russell Crowe, años antes de consagrarse con Gladiador) que, como fue creado para entrenar agentes, es un cúmulo de las personalidades de diferentes asesinos seriales. No sabemos bien por qué, SID 6.7 es traído al mundo real mediante un experimento con nanotecnología que hace que el asesino deje de ser virtual y se vuelva muy real, haciendo desmadres en la ciudad. Así que terminan dándole libertad condicional a Denzel para que lo cace, ya que él es el único que ha sobrevivido y atrapado al programa en el entrenamiento.


Por supuesto que la cosa se pone más personal cuando descubrimos que SID tiene parte de la personalidad y los recuerdos del asesino que mató a la familia de Denzel, y además este puede reconstruirse absorbiendo vidrios, por lo que es casi imparable ya que se autorrepara a cada rato.



Una peli muy noventera, un clásico que pasaban por Cinecanal a cada rato, con un Russell Crowe que parece una cruza entre Jim Carrey y Vanilla Ice. De hecho, no sé si el rol de SID fue pensado para Carrey, que en esa época la estaba rompiendo en taquilla; pero el asesino virtual se mueve y por ahí se viste como La máscara. De hecho, creo que —sin desmerecer a Crowe— si el papel hubiera sido de Carrey, estaríamos hablando de un verdadero clásico y megahit noventoso.


La peli es entretenida y te mantiene enganchado. Denzel le pone seriedad y contrapesa al exagerado Crowe, y hoy puede verse como una vintage y hermosa forma de ver el futuro que tenían en los 90 los cines de acción, cuando pensaban que en el futuro un asesino virtual en el mundo real podría causar más daño que quedarse todo el día viendo reels o TikTok.

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