Es una película muy entretenida con una estética exquisita de los años ochenta. Por ser de 1981, resulta bastante rápida e innovadora en conceptos que hoy ya no parecen tan lejanos, como el "domesticar" al consumidor con anuncios generados por computadora e incluso hipnóticos para que compre productos específicos. Ni hablar de la manipulación de la imagen a través de medios audiovisuales de personas reales generadas por ordenador.
La historia te va atrapando cuando este cirujano plástico oficia de detective para saber quién y cómo mataron a sus hermosas pacientes, mientras descubrimos una multinacional con tecnologías locas pseudofuturistas en pleno 1981, como una pistola que dispara flashes hipnóticos que te dejan catatónico con pérdida de tiempo.
Otra joyita de los primeros ochenta, muy poco conocida, escrita por Michael Crichton como un guion original para cine.
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