Volvemos a ese pozo sin fondo que son las pelis ochenteras para ver Nightmares de 1983, una película con cuatro episodios de terror y suspenso concebido originalmente para ser un piloto para una serie de antologías de miedo tipo "la dimensión desconocida" pero que terminaron juntando y editando loa 4 episodios para hacer una película.
El primero cuenta la historia de un loco asesino que se escapó de un manicomio; otro, sobre un pibe enviciado mal con un videojuego siniestro; también tenemos a un cura que, tras perder la fe, es perseguido por una camioneta endemoniada y, para terminar, uno con una rata gigante y sobrenatural que aterra a una familia. Para mí, los más entretenidos son el del videojuego y el del cura.
Emilio Estévez interpreta a un adolescente capo en los video juegos que se pasa todo el día jugando en las salas de arcade, con el desafío de llegar al nivel 13 de un juego muy especial. Este capítulo, al mejor estilo Tron, tiene efectos digitales que se ven muy bien y habrá sido una voladura de peluca verlos en el cine en el '83.
Por otro lado, el viejo y querido Lance Henriksen hace de un cura medio choborra que quiere abandonar su iglesia y es perseguido en la ruta por una camioneta siniestra (este episodio recuerda mucho a El auto diabólico o a Duel de Spielberg).
Los otros dos capítulos no están mal tampoco. El más largo y de terror es el último, el de la rata, pero se cae al final porque, en lugar de usar un muñeco para el bicho, usaron perspectiva forzada y superposición para hacer que una rata de verdad parezca gigante, lo cual —al parecer un efecto de los usados en El Chapulín Colorado— causa más gracia que miedo.
Estoy seguro de que la dieron en la tele porque algunas escenas me sonaban de haberla visto de chico (sobre todo el episodio de la rata gigante); en fin, una peli ochentera para pasar el rato de esas pelis antologicas con relatos cortos de horror que invadieron las pantallas en la década de los ochentas.



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